viernes, 22 de septiembre de 2017

El primer "robot molecular" capaz de construir moléculas

Científicos de la Universidad de Manchester han creado el primer "robot molecular" del mundo que es capaz de realizar tareas básicas, incluyendo la construcción de otras moléculas. Los minúsculos robots, de tamaño de 1nm, con un pequeño brazo robótico, pueden ser programados para mover y construir. Cada robot individual es capaz de manipular una sola molécula y está formado por sólo 150 átomos de carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. Funcionan realizando reacciones químicas en soluciones especiales que luego pueden ser controladas y programadas por los científicos para realizar las tareas básicas. En el futuro podrían ser utilizados para fines médicos, procesos de fabricación de avanzada e incluso la construcción de fábricas moleculares. El artículo de referencia “Stereodivergent synthesis with a programmable molecular machine” se ha publicado en la revista Nature (2017; 549). El director de la investigación,  profesor David A. Leigh explica: "Toda la materia está compuesta de átomos y éstos son los bloques básicos de construcción que forman las moléculas. Nuestro robot es literalmente un robot molecular construido de átomos capaz de responder una serie de comandos simples que son programados por un científico. Es similar a la forma en que se utilizan los robots en una línea de montaje de automóviles. Esos robots toman un panel y lo colocan de modo que pueda ser remachado en la manera correcta de construir la carrocería de un coche. Nuestra versión molecular puede ser programada para posicionar y remachar componentes de diferentes maneras para construir distintos productos, en una escala mucho menor, a nivel molecular”. El beneficio de tener una maquinaria tan pequeña implica una reducción enorme en la demanda de materiales, permite acelerar y mejorar el descubrimiento de nuevas moléculas, reduce en forma drástica los requerimientos de energía y aumenta la miniaturización de los productos. Por lo tanto, las aplicaciones potenciales para los robots moleculares son extremadamente variadas y emocionantes
La robótica molecular tal vez represente el límite en nuestra capacidad para realizar máquinas en miniatura.  
Imagen: University of Manchester
Lectura complementaria:                                                                                                 Stereodivergent synthesis with a programmable molecular machine

sábado, 16 de septiembre de 2017

La “nanoelectrónica elástica” hace piel artificial con tacto.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Houston ha informado de un avance en nanoelectrónica conducente a una piel artificial, aplicable a una mano robótica. La tecnología además se puede utilizar, con ventajas, en una  amplia gama de dispositivos biomédicos.
El trabajo, publicado en la revista Science Advances, describe un nuevo mecanismo para producir electrónica elástica, un proceso que depende de materiales fácilmente disponibles con posibilidad de producción comercial.
La estrategia general consiste en una la ingeniería con arquitectura especial para acomodar o eliminar la tensión mecánica en materiales electrónicos no estirables mientras el conjunto se estira. Los semiconductores-sensores, procesados ​​en solución, son completamente elásticos e intrínsecamente extensibles debido los materiales elastoméricos utilizados. Básicamente el nuevo producto contiene nanofibrillas de P3HT-NF [poli (3-hexiltiofeno-2,5-diil)] y nanopartículas de Au con nanocables de plata (AuNP-AgNW) en PDMS (polidimetilsiloxano). Los transistores de película delgada fabricados conservan sus prestaciones eléctricas en más de un 55% cuando el estiramiento es del  50%.

Crédito: Universidad de Houston
Los investigadores  consideran la posibilidad de utilizar la nueva “nanoelectrónica elástica”, estirable, en una amplia gama de aplicaciones tales como pieles artificiales, implantes biomédicos y guantes quirúrgicos.

Lectura complementaria:

sábado, 9 de septiembre de 2017

Estimulación remota el cerebro con nanopartículas y campos magnéticos

En la reciente publicación de la revista científica eLife, “Magneto-thermal genetic deep brain stimulation of motor behaviors in awake, freely moving mice”, el Dr Arnd Pralle de la University at Buffalo y colaboradores, desarrollaron una técnica denominada estimulación magneto-térmica basada en la utilización de nanopartículas magnéticas calentadas por acción de campos magnéticos externos para activar neuronas individuales dentro del cerebro. 

Primero mediante ingeniería genética se introduce una hebra especial del ADN en las neuronas seleccionadas, haciendo que estas células produzcan un canal de ion activado por el calor. Luego se inyectan nanopartículas magnéticas especialmente diseñadas (de cobalto-ferrita rodeadas por una cáscara de manganeso-ferrita) en la misma área del cerebro. Estas nanopartículas se enclavijan en la superficie de las neuronas objetivo, formando una cubierta delgada como la piel de una cebolla. Cuando un campo magnético variable se aplica al cerebro, la magnetización de las nanopartículas origina movimientos rápidos capaces de generar calor y calentar las células objetivo. Esto fuerza a que los canales de iones, sensibles a la temperatura, se abran estimulando las neuronas. 

La técnica magneto-térmica se ha utilizado para activar pequeños grupos de células en el cerebro (un área similar al diámetro de un cabello humano), induciendo movimientos corporales que incluyen correr, girar y perder el control de las extremidades. Un logro capaz de lograr avances en el estudio y tratamiento de enfermedades neurológicas. 

Dice el Dr Arnd Pralle “Entender cómo funciona el cerebro,  cómo diferentes partes del órgano se comunican entre sí y controlar su comportamiento, es clave en el desarrollo de terapias para enfermedades que involucran lesiones o el mal funcionamiento de conjuntos específicos de neuronas. Las lesiones cerebrales traumáticas, la enfermedad de Parkinson, la distonía y la parálisis periférica entran en esta categoría”. Los avances informados por el equipo de Pralle también podrían ayudar a los científicos para tratar enfermedades como la depresión y la epilepsia directamente a través de la estimulación cerebral.


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sábado, 2 de septiembre de 2017

Del gen egoísta hasta la inmortalidad sin genes

El gen egoísta
Richard Dawkins en su libro de divulgación “El gen egoísta” (The Selfish Gene), publicado en 1976,  establece que el gen es la unidad evolutiva fundamental. Los organismos son, pues, meras máquinas de supervivencia para los genes. En tal sentido los seres humanos son utilizados por los genes para perpetuarse en el tiempo y el hombre deja su lugar central para convertirse en un soporte descartable de la herencia genética. ¿Puede la arrogancia humana permanecer indiferente ante tal perspectiva?

La ingeniería genética
La respuesta se comienza a vislumbrar a partir de 1973 con las primeras experiencias de ADN recombinante, el nacimiento de la ingeniería genética y las técnicas biotecnológicas en general. El hombre ahora puede tomar el control de la situación cambiando el destino de la perpetuación de ciertos genes e intentar prevalecer de algún modo. Aparece la posibilidad de “silenciar genes problemáticos” para que no se expresen, de realizar transgénesis y seleccionar embriones (previo diagnóstico preimplantatorio) en la fertilización asistida, para cortar líneas genéticas conducentes a graves enfermedades hereditarias. Del vertiginoso desarrollo biotenológico surge  un constante incremento en el promedio de vida con la probabilidad consecuente para el individuo de aumentar sus mutaciones puntuales y de sufrir modificaciones epigenéticas (modificaciones heredables en la expresión de genes que no se encuentra en la secuencia del ADN). Un campo de batalla, donde la inteligencia del hombre concebida para sobrevivir lo suficiente de modo de perpetuar a los genes se tradujo en armas científicas-tecnológicas para intentar dominarlos. El hombre para vivir cada vez más en su viaje a la inmortalidad comprendió que debía indefectiblemente regular-dominar a los genes y su expresión. El resultado final, entre contendientes que se necesitan mutuamente, luego de un largo camino, parecería conducir a un solo ganador: el gen egoísta inmortal o el hombre inmortal.


Inmortalidad sin genes
Un robot puede vivir en temperaturas extremas,  sin agua, sin oxígeno, ni alimentos. Solo con energía solar.  Las proyecciones actuales parecerían indicar que  el inmenso legado del conocimiento universal  tal vez pueda pasarse de un humano a un robot como hoy se pasa el software de una computadora a otra. Si admitimos que la mente es al cuerpo como el software lo es al hardware, la posibilidad de poder trasferir el software-mente  a un robot puede llegar a constituirse en  una realidad y en la gran revolución del siglo XXI. Recordemos la viabilidad de contar, a fines del año 2020, con  cerebros similares construidos sobre la base de los nanochips neurosinápticos y de los adelantos en nanotecnología capaces de producir una piel de grafeno, más sensible que la humana,  ojos-nanocámaras para ver más allá del espectro visible, etcétera.
Todos podríamos ser viajeros del universo y viajar por el espacio sin preocuparnos por la temperatura, la atmósfera, la falta de agua, la comida o el escaso tiempo cósmico de nuestras vidas.
En tal circunstancia, las preguntas: ¿mortales o inmortales?  y  ¿hombres y/o robots?, tendrían una sola respuesta: robots inmortales con nuestra mente. En el contexto citado el camino hacia la inmortalidad puede llegar a triunfar prescindiendo de los genes y la ingeniería genética. En definitiva, ¿qué es lo más trascendente del hombre?  Sus huesos, su carne, sus genes o, su mente, esa energía en codificación creciente, originada en el Big Bang.

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sábado, 26 de agosto de 2017

Nanotubos de carbono facilitan la regeneración neuronal

Los nanotubos de carbono presentan características interesantes para la construcción de dispositivos híbridos (contenido biológico + material sintético)  especiales destinados a restablecer las conexiones entre las células nerviosas. En el reciente  artículo “Sculpting neurotransmission during synaptic development by 2D nanostructured interfaces [1]" publicado en la revista científica Nanomedicine: Nanotechnology, Biology, and Medicineun equipo multidisciplinario integrado por científicos de la International School for Advanced Studies (SISSA), Life Science Department - University of Trieste, ELETTRA Synchrotron Light Source y dos instituciones españolas, la Fundación Vasca para la Ciencia y el CIC BiomaGUNE, han evaluado los posibles efectos sobre las neuronas cuando interactúan con los nanotubos de carbono. Demostraron que los nanotubos de carbono pueden regular la formación de sinapsis, estructuras especializadas a través de las cuales las células nerviosas se comunican y modulan mecanismos biológicos como su crecimiento y autoregulación. El resultado, permite determinar hasta qué punto la integración entre las células nerviosas y estas estructuras sintéticas es estable y eficiente, Destaca las grandes potencialidades de los nanotubos de carbono como materiales innovadores capaces de facilitar la regeneración neuronal o para crear una especie de puente artificial entre grupos de neuronas cuya conexión se ha interrumpido. En la actualidad ya han comenzado con las pruebas in vivo. Otra interesante aplicación de la nanomedicina.


sábado, 19 de agosto de 2017

Nanobioeconomía, el camino correcto.

El economista Nicholas Georgescu-Roegen (1906-1994), uno de los pensadores más notables y profundos de la economía moderna,  lanzó dos torpedos críticos a la economía vigente en sus libros Analytical Economics(1966) y The Entropy Law and Economic Process(1971) en los cuales, centra las problemáticas económicas actuales, en el divorcio entre las teorías económicas y el cumplimiento de las leyes de la naturaleza. En su enfoque físico, la economía debe estar sujeta a las leyes de la termodinámica y su funcionamiento solo puede garantizarse por una entrada continua de energía y materiales.
El problema de la economía actual es su pérdida del contacto con la base material del proceso económico y que se ha centrado, casi en forma exclusiva, en analizar el funcionamiento de los mercados y el intercambio comercial. Pone énfasis en crecimiento económico sin considerar la finalidad ni sus costos. Para los economistas de pensamiento único todo es un ciclo de producción y consumo, pero para la naturaleza ésto no constituye un ciclo, es solo un gasto unidireccional de energía y recursos naturales no renovables en el tiempo que se consumen. Nicolás Georgescu-Roegen  auguró, por lo tanto, un gran fracaso en la economía mundial, fracaso evidente ante la cantidad, en tiempos cada vez más cortos, de crisis económicas. Señaló como única solución posible la aparición de una ciencia-tecnología capaz de generar en tiempo y forma los recursos naturales necesarios para llegar a un nuevo tipo de equilibrio en la tierra.
La biotecnología con su capacidad transformadora de la naturaleza aparece como la tecnología "prometeica" buscada en respuesta a las problemáticas planteadas por su economía física. Hoy podemos definir a la bioeconomía  como una economía basada en la biotecnología capaz de generar en tiempo y forma los recursos naturales renovables, con su acervo de 65 millones de genes y la ingeniería genética, para dar respuestas a necesidades socioeconómicas tales como la demanda de energía, alimentos, disminución de los gastos en salud y cuidado del medio ambiente, generando a su vez trabajo e ingresos en forma sustentable. Sus aportes van desde la obtención de energía utilizando biomasa hasta las biofábricas transgénicas. No obstante comienzan a llegar respuestas de otra ciencia-tecnología con capacidad de trasformar la naturaleza: la nanotecnología.
La nanotecnología ofrece nuevas soluciones energéticas como los paneles solares de puntos cuánticos flexibles, capaces de producir energía con la luz solar durante el día y captando la radiación infrarroja durante la noche y de producir nanocatalizadores para transformar el dióxido de carbono atmosférico a gas metano. De hecho la generación de energía solar supera largamente la aportada por la biomasa en el planeta.



En el contexto planteado hablar solamente de bioeconomía implica desconocer las otras respuestas a la problemática planteada por la economía física de Nicolás Georgescu-Roegen. La nanobioeconomía es el camino correcto para visualizar las soluciones necesarias en un marco realista. Una nueva economía basada en la convergencia de dos tecnologías capaces de trasformar la naturaleza respetando sus leyes.

Lecturas complementarias

viernes, 11 de agosto de 2017

Globalizar el conocimiento tecnológico.

La desaceleración global del crecimiento económico-comercial y un creciente giro hacia el populismo y nacionalismo a nivel mundial está anunciando el fin de la economía globalizada. Tal vez muchos comiencen a reflexionar sobre el hecho de que no todo  es economía de mercado y globalización, existe otro camino orientado hacia  el incremento de la productividad sustentado en las innovaciones provenientes de las tecnologías con crecimiento exponencial. Estamos en un planeta sacudido por mutaciones tecnológicas formidables y a la vez por grandes desórdenes económicos y el incremento de peligros ecológicos. Es hora que las leyes de mercado sean reemplazadas por las leyes de la naturaleza y sus aplicaciones tecnológicas. Es así como de la biotecnología y de la nanotecnología, ciencias-tecnologías integradas capaces de transformar la naturaleza, surgen la bioeconomía y la nanoeconomía. Economías orientadas en generar, en tiempo y forma, los recursos necesarios para dar respuestas a las crecientes necesidades humanas primarias, generando trabajo “in situ” y atendiendo las necesidades de la mayor cantidad de población posible[1]. Para que lo expuesto, no sea solo una expresión de deseo, es necesario el atesoramiento del conocimiento científico-tecnológico de vanguardia por una legión de innovadores con capacidad de aplicar las tecnologías convenientes en pos de solucionar las problemáticas locales y avanzar, desde allí, hacia las generales. La nueva economía o economía de las tecnologías se centra en la revolución que implica apropiarse del saber. Ha llegado la hora de globalizar el conocimiento tecnológico.  


sábado, 5 de agosto de 2017

Nanomedicina: impresión 3D con nanopartículas híbridas.

La impresión 3D se ha convertido en una herramienta importante para la fabricación de diferentes materiales orgánicos utilizados en una variedad de industrias. Sin embargo, las estructuras de impresión en el agua, siempre han sido difíciles debido a la falta de moléculas solubles conocidas como fotoiniciadores (moléculas que inducen las reacciones químicas necesarias para formar material impreso sólido por la luz).
En un artículo recientemente publicado en Nano Letters, investigadores del Institute of Chemistry the Hebrew University of Jerusalem y del Institute of Systems Research and Department of Mechanical Engineering de la  University of Maryland, describen un medio eficiente de impresión 3D en agua usando nanopartículas híbridas (HNPs) de CdS-Au (semiconductor-metal) como fotoiniciadores.
La impresión 3D en agua abre oportunidades en el ámbito biomédico para la fabricación a medida de dispositivos médicos y la impresión de “andamios” en la ingeniería de tejidos. Los investigadores prevén la fabricación personalizada de reemplazos articulares, placas óseas, válvulas cardíacas, tendones, ligamentos artificiales y reemplazos en órganos artificiales.
La impresión 3D en agua también ofrece un enfoque respetuoso con el medio ambiente en la fabricación de aditivos, pudiendo reemplazar la tecnología actual de impresión en tintas basadas en productos orgánicos.
A diferencia de los fotoiniciadores normales, las nuevas nanopartículas presentan una amplia ventana de excitación en el rango UV y visible, alta sensibilidad a la luz y un mecanismo fotocatalítico único capaz de aumentar la eficiencia de impresión reduciendo la cantidad de los materiales necesarios para crear el producto. 
El fotoiniciador de nanopartículas hibridas  para la impresión 3-D en agua constituye el punto de partida de nuevos y originales desarrollos en nanomedicina. 
Nano Letters201717 (7), pp 4497–4501
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sábado, 29 de julio de 2017

Simplifican la fabricación en la nanoescala.

Científicos de la Universidad de Chicago y el Laboratorio Nacional de Argonne han descubierto un nuevo camino a la producción de los dispositivos electrónicos utilizados a diario. En el artículo publicado el 28 de julio en la revista Science se presenta un método para fabricar fácilmente pantallas LED, teléfonos celulares, fotodetectores y células solares.
La base de la computación moderna la constituye un pequeño interruptor llamado transistor, hecho en cantidad por una técnica llamada fotolitografía, un proceso que consiste en transferir un patrón desde una fotomáscara a la superficie de una oblea generalmente de silicio cristalino. Pero el método tiene sus limitaciones. Sólo unos pocos materiales pueden ser estampados de esta manera y se lo desarrolló originalmente para el silicio, cuyo reinado de medio siglo en la electrónica está llegando a su fin.  
La nueva técnica, llamada DOLFIN, hace con diferentes nanomateriales una "tinta" en un proceso que elude la necesidad de establecer una plantilla de polímero. El equipo de investigadores diseñó cuidadosamente revestimientos químicos para las nanopartículas individuales. Estos recubrimientos reaccionan con la luz proveniente de una máscara con dibujos, transfiriendo el patrón a la capa de nanopartículas que se encuentran debajo. conectándolas a dispositivos útiles.
El nuevo método promete una fabricación en la nanoescala más fácil, con la posibilidad de disminuir los costos y potenciar las aplicaciones nanotecnológicas.



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sábado, 22 de julio de 2017

El hombre nano (Homo nanus).

Se calcula la antigüedad de la tierra en 44 millones de siglos. Hace 20 mil siglos la habitaba el Homo habilis, el Homo erectus hace 18 mil y el Homo sapiens 2000 siglos atrás.  El ​ filósofo y matemático Blas Pascal, en su libro Pensamientos publicado en el año 1669 decía:
“¿Qué es el hombre? No es más que una nada respecto al infinito, un todo respecto a la nada, un punto medio entre la nada y el todo, infinitamente alejado de comprender los extremos”.
El desarrollo exponencial de la ciencia-tecnología iniciado en el siglo XX nos permite hoy avanzar con mayor velocidad hacia la comprensión de ese algo que somos sin ser todo; es así como podemos ahondar sobre el concepto de hombre bio (Homo bio) y de hombre nano (Homo nanus). El Homo bio, celular,  centrado en la ingeniería genética y su posibilidad de modificar sus propios genes, para imponerse sobre la muerte codificada, tratando de transitar hacia la prolongación de su vida. El Homo nanus, capaz de innovar directamente haciendo construcciones con átomos y moléculas, sale del “ser celular” para orientarse hacia un ser robotizado inmortal. Avanza hacia cerebros sustitutos sobre la base de nanochips neurosinápticos alimentados con nuestro software-mente, hacia la piel de grafeno mucho más sensible que la humana, hacia ojos nano-cámaras capaces de “ver” no sólo en la zona de la radiación visible, también en parte de la ultravioleta y de la infrarroja. Un Homo nano que no necesitará agua, oxígeno, ni alimentos. Simplemente alimentado por paneles solares y por ende un pasajero, sin tiempo acotado, entre las galaxias del universo.
Volviendo a Blas Pascal: “ …¿pensará tal vez que es ésta la extrema pequeñez de la naturaleza? Voy a hacerle ver aquí dentro un nuevo abismo. Voy a pintarle, no solamente el universo visible, sino la inmensidad concebible de la naturaleza, en el recinto de ese compendio de átomos”. 
Existe un camino hacia ese Homo nanus hecho con átomos y moléculas, sin necesidad de formar células vivas, y capaz de ver al universo desde sus propios átomos. 


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sábado, 15 de julio de 2017

La magia de los nanomateriales: "el espejo inteligente".

Un equipo de doce Investigadores de la Universidad Nacional Australiana (ANU), ha desarrollado un nanomaterial controlado por la temperatura utilizable para convertir instantáneamente una ventana en espejo. El material diseñado para reaccionar ante los cambios de calor puede utilizarse para ahorrar energía y para proteger a los astronautas y las naves espaciales de la exposición a la radiación cósmica. El investigador principal de la ANU, Dr. Mohsen Rahmani dice: “Nuestro espejo inteligente consiste en un montón de nanopartículas dieléctricas que están cuidadosamente diseñadas y dispuestas en una sola capa". La película hecha de ciertas combinaciones de nanopartículas puede "sintonizarse" para cambiar la frecuencia de una capaz de transmitir luz a otra capaz de reflejarla. La tecnología propuesta, no funciona en forma estática como los métodos ópticos actuales, por primera vez un único elemento permite controlar la luz que pasa o se refleja. Como las dimensiones de las nanopartículas son del mismo orden de magnitud de la luz pueden interactuar con diferentes frecuencias y redirigir su trayectoria para transmitirla o reflejarla. El “gatillo” es la temperatura. Las nanopartículas se pueden distribuir a través de una superficie como el vidrio de tal manera que reflejen toda la luz, o sólo la mitad de la luz, al variar la temperatura. Esto es fundamental para el ahorro de energía porque se puede ajustar para lograr un 50% de transmisión y 50% de reflexión, o 100% de transmisión y 0% de reflexión. 
La magia de los nanomateriales permite utilizar una delgada película formada por nanopartículas de diseño adecuado para convertir al instante una ventana espejo y un espejo en ventana al variar la temperatura.

El nanomaterial refleja o trasmite la luz al  variar su temperatura (ANU)


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sábado, 8 de julio de 2017

¿Bioeconomía real o globalizada?

El avance científico-tecnológico, sustentado por el desarrollo de modelos atómicos confiables en la primera mitad del siglo XX y, potenciado fundamentalmente por su crecimiento exponencial en los últimos 67 años, queda reflejado por el incremento del CO2 debido al megaconsumo de energía fósil inherente y por el incremento en el promedio de vida conducente a un aumento, en los últimos 67 años, de 5000 millones de habitantes en el planeta. Pasamos de 2500 millones en 1950 a 7500 en el año 2017 lo que pareciera indicar una floreciente la vida humana en la tierra. No obstante, si bien el avance científico-tecnológico produjo una mejora cuantitativa importante en cuanto al promedio de vida, con perspectiva a corto plazo de superar los 100 años, trajo aparejado graves problemas con tendencia a acelerarse: aumento desproporcionado de la población mundial, aproximación a la “carga máxima de la tierra” (10.000 millones de habitantes), fuerte incremento en la demanda de energía, alimentos y servicios de salud,  aumento de la contaminación en general producto de la mayor cantidad de habitantes y de la actividad del hombre, peligrosa acumulación de gases que conducen al calentamiento global, declive constante de la diversidad biológica ante la apropiación de más espacios físicos por el hombre, falta de trabajo, concentración de los recursos en pocos habitantes y un ascenso de lo irracional.  En el contexto planteado la economía de pensamiento único, en la cual lo económico predomina sobre lo político y el mercado soluciona todos los problemas del sistema en concurrencia con la competitividad y el libre intercambio, no puede dar respuestas a las demandas de la sociedad. De los 7500 millones de habitantes actuales, casi 1000 millones no pueden comer si alguien no le proporciona alimentos y 6000 millones están fuera de una vida garantizada.  El intento histórico más reciente de romper con la inconveniencia actual de la economía partió de Nicholas Georgescu-Roegen, uno de los pensadores más notables y profundos de la economía moderna; él lanzó dos torpedos críticos a la economía vigente en sus libros Analytical Economics (1966) y  The Entropy Law and Economic Process (1971) en los cuales centra las problemáticas económicas actuales en el divorcio entre las teorías económicas y el cumplimiento de las leyes de la naturaleza. Para los economistas de pensamiento único todo es un ciclo de producción y consumo, pero para la naturaleza esto no constituye un ciclo, es sólo un gasto unidireccional de energía y recursos naturales no renovables en el tiempo que se consumen. El auguró por lo tanto un gran fracaso en la economía mundial, fracaso evidente ante la cantidad, en tiempos cada vez más cortos, de  crisis económicas. Nicolás Georgescu-Roegen señalo como única solución posible la aparición de ciencias-tecnologías capaces de generar en tiempo y forma los recursos naturales necesarios para llegar a un nuevo tipo de equilibrio en la Tierra.
Paulatinamente, debido al incremento exponencial de las innovaciones tecnológicas, se avanza hacia un incesante aumento en la capacidad de producir en forma sustentable con posibilidades de dar soluciones alternativas altamente efectivas ante la inacción de la desbordada economía de mercado.

La bioeconomía real.
La biotecnología con su capacidad transformadora de la naturaleza aparece como la tecnología “prometeica“ buscada por Georgescu-Roegen en respuesta a las problemáticas planteadas por su economía física basada en la función entropía. Hoy podemos definir a la bioeconomía real como una economía basada en la biotecnología con la habilidad de generar en tiempo y forma los recursos naturales renovables, con su acervo de 65 millones de genes y la ingeniería genética, para dar respuestas a necesidades socioeconómicas tales como la demanda de energía, alimentos, disminución de los gastos en salud y cuidado del medio ambiente, generando a su vez trabajo e ingresos en forma sustentable.  
Pareciera ser que la mejora se orienta a un Plan B, centrado en avanzar hacia la Bioeconomía cuya base científico-tecnológica es la Biotecnología y su motor productivo es la Biofábrica transgénica. Decía Georgescu-Roegen “Si la vida es lo más importante, la economía debiera ser una rama de la biología y no la vida un apéndice de la economía como plantea la economía actual”.

La bioeconomía globalizada o de conveniencia.
Los países desarrollados engloban bajo la denominación de bioeconomía a la  actividad económica que se nutre de la investigación y la innovación en las ciencias biológicas, en un intento por mantener subordinada a la naturaleza a un contexto económico ficticio. Una bioeconomía de conveniencia para disfrazar la crisis mundial en la cual las medidas de política económica recomendadas fallan en forma sistemática ante el asombro de los propios economistas quienes ven cómo las recetas aprendidas en la mayoría de las universidades no funcionan.

¿Ahora?
Es el momento apropiado de avanzar con una bioeconomía tendiente a paliar el ocaso de la economía de pensamiento único en su carrera por continuar con la acumulación del poder en desmedro de la mejora cualitativa de la vida en la Tierra. 
Debemos distinguir las voces de los ecos, la incidencia productiva de la tecnología actual nos permite incursionar en  una economía moderna, centrada en las necesidades del hombre, en el respeto de las leyes de la naturaleza y en la optimización de sus recursos generosos. 


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